La palabra del día, por Purre

Fanático

La serie de atentados, con frecuencia suicidas, que marcaron la segunda mitad del siglo XX y que vienen caracterizando el comienzo del actual, ocasionaron un apogeo inusitado de esta palabra, que antes era empleada para designar, fundamentalmente, a los religiosos muy devotos, a los hinchas de fútbol o a las personas obsesionadas por personajes del cine y la televisión.
Fanático procede del francés fanatique, usado en esa lengua en 1532 por Rabelais con el sentido de ‘de inspiración divina’. La voz francesa se derivó del latín fanaticus, formada, a su vez, a partir de fanum ‘templo’, presente también en la etimología de profano, y que se usó al comienzo en latín para designar a las personas que frecuentaban el templo –generalmente, los de Belona, Cibeles y Diana– y, más tarde, a los exaltados por el fervor religioso.
En nuestra lengua, en el diccionario de 1705, aparece como: ‘Nombre latino, Fanaticus, y quiere decir hombre que se crée llevado de un furor divino’.
En nuestros días, fanático presenta como notas esenciales la irracionalidad y la intolerancia con relación a los miembros de otras religiones o de otros partidos políticos, o a los hinchas de otros clubes.

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