Arturo Santos e Ignacio Bussy completan un nuevo desafío en Punta del Este.


© Arturo Santos
Nacho y Arturo en Punta del Este

Reporte de Arturo Sebastián Santos

Hacia mas de un año que habíamos quedado de palabra en hacer el desafío completo, mas precisamente desde el 8 de Marzo del 2015, aquel día de luna llena, cuando hicimos a nado la ida a la Isla de Lobos. Anoche me dormí a las 10 de la noche y a las 2am estaba despierto. La luna llena de Marzo había llegado y con ella la ilusión de poder lograr el nado ida y vuelta hacia la Isla de Lobos. Hacían 12 grados afuera pero las ganas, ansiedad y motivación seguían intactas. A las 4am me llamo Nacho y me dijo, en una hora estoy en tu casa y vamos para el puerto.

Desayune la mayor cantidad de carbohidratos que pude y me hidrate al máximo. Repase el bolso que dejaría en el bote de apoyo por decimo octava vez, aunque esta vez decidí no agregar nada mas. De comida había seleccionado bananas, kiwis, geles, dulce de membrillo y chocolate negro, además de agua por supuesto.

Todo lo había probado en mis entrenamientos para descartar algo que me cayese mal al estomago. Antes de que Nacho llegara estaba en la puerta listo y desbordante de energía. Nos saludamos con una mueca de complicidad como si estaríamos por cometer una travesura que los buenos amigos saben leer. Esta vez, íbamos por todo. El año pasado habíamos realizado la ida con éxito, este era la ida y vuelta y lo que mas nos inquietaba eran las corrientes.

Al llegar al puerto nos estaban esperando los amigos de Ades, quien gentilmente nos brindaron un bote de apoyo a cargo de Jorge, un experimentado nauta conocedor de la zona que iría con el Profe Moreno, encargado de nuestra hidratación. A su vez, un barco para patrullar desde afuera con una tripulación también experta junto a un enfermero. También el YCPE nos brindo un gomon de apoyo con tripulación.

Embarcamos nuestros bártulos y quedamos en encontrarnos frente a la Playa de Los Ingleses en la Península. Era una noche de luna llena que iluminaba el mar y una brisa constante que soplaba en dirección a la isla. A las 6:30am cuando vimos que la lancha se arrimaba, nos zambullimos por las rocas y encaramos rumbo al faro de la Isla de Lobos.

Quedamos en hidratarnos cada 30 minutos por la primer hora y corridos por el entusiasmo llevábamos un ritmo rápido, considerando que nos quedaban mas de 20kms por delante. Empezó a asomar el sol por el Este e ilumino el océano y nadando desde la superficie se lo veía ,entre respiración y respiración, que subía lentamente. Iba midiendo la velocidad con el reloj que llevaba en la muñeca y me di cuenta que íbamos con corriente a favor. A la hora habíamos recorrido 5kms y en menos de 2 horas estábamos haciendo pie en la isla por la playita del muelle, playa que por un lado habitan aquellos machos que perdieron la lucha por las hembras en época de apareamiento y que casualmente se encontraban junto con 5 elefantes marinos tumbados en la orilla que estaban cambiando el pelo, y del otro lado del muelle, en esta época, se encuentran las hembras que acaban de tener cria con todos sus cachorros.

En la Isla nos esperaban los 3 residentes de la Isla, de Dinara y la Armada. Unos muchachos muy macanudos, que nos brindaron toda su hospitalidad y nos hicieron sentir como en casa. Estábamos con mucho frio y nos indicaron un lugar para estar al resguardo del viento y al sol. Nos acostamos sobre unas rocas calientes, mientras dialogábamos con ellos. Entre otras cosas les pregunte si se metían al agua y nos contaron que hace unos meses pescaron dos tiburón de 3 metros y desde ese día decidieron mojarse con la manguera..

Nos quedaba por delante toda la vuelta y como venia la mano, con corriente encontrar. Comimos un sándwich, nos hidratamos bien y caminamos hasta el faro en compañía de ellos, mientras nos contaban anécdotas interesantes de su vida en la Isla. El padre de uno de ellos, que hacia mas de 30 anos la habitaba la Isla y que vivía en cuartito al lado de la playa, podía determinar mediante los ruidos que escuchaba que estaba sucediendo con la fauna de la Isla. Nos contaba que la Orca macho iba a cazar lobitos y se subía prácticamente en la playa para arrearlos dentro del mar para así alimentar a las orcas hembras, entre otras historias fascinantes del lugar.

A todo esto, Juan y Jorge, quienes estaban en el bote de apoyo, fueron a chequear las corrientes tomando como parámetro la caldera de un barco hundido encallado hace mas de 50 años a unos 200 metros de la costa. Al regresar nos confirmaron que la corriente había parado!!, con Nacho nos miramos y sin perder un minuto, nos despedimos y encaramos el regreso con rumbo hacia la costa. Los lobitos nos siguieron saltando y acompañándonos durante 15 minutos, uno de ellos nos nadaba por debajo panza para arriba, como una muestra de afecto y simpatía. Las condiciones no eran las mismas y ya veníamos con un par de horas de nado. Cada 25 minutos nos hidratábamos y Nacho se empezó a descomponer del estomago, bajamos un poco el ritmo y mantuvimos el rumbo. Era mas la emoción que nos desbordaba hasta las lagrimas y una sensación de libertad única, que sin mediar palabra, podíamos compartir lo que sentíamos. Era muy importante mantener pensamientos positivos, nos enfocábamos en eso, fluir con el mar y relajarnos al máximo para desgastarnos lo menos posible. Pasaron dos horas y los hombros se me explotaban, la costa se veía cada vez mas cerca y en esta instancia, era levantar el codo y tirar la mano lo mas adelante posible para avanzar lo máximo con el menor esfuerzo posible. En eso estábamos, brazada tras brazada. De repente, una corriente paralela nos empezó a sacar de rumbo a tan solo 1000 metros de costa obligándonos a corregir el rumbo para intentar caer en la playa de los Ingleses. Seguimos braceando por unos 15 minutos y al levantar la cabeza veíamos la playa con claridad. Una suerte de emoción nos invadió, nos despedimos del bote de apoyo que tanto valor agrego y a los pocos minutos estábamos tocando la arena. Al hacer pie, se me vino a la memoria todo el esfuerzo y dedicación para lograr este desafío y cuan agradecido estaba que la naturaleza haya estado de nuestro lado para lograrlo.

A modo de sorpresa para nosotros, la gente en la playa estaba parada aplaudiéndonos, entre ellos mi profe Troccoli, quien me ha acompañado en todo este entrenamiento, también estaba la mujer de Nacho con su hija , gente de prensa y curiosos que afectuosamente nos felicitaban por la Azaña. Mas allá de un desafío personal, el mensaje que queremos dejar es la importancia del cuidado y preservación de especies marinas, el amor al mar y a la vida.

6 pensamientos en “Arturo Santos e Ignacio Bussy completan un nuevo desafío en Punta del Este.

    • Muchas gracias Nacho! muy contentos y siempre recuerdo aquella navegación que compartimos desde Punta hasta Bahia en el 40! un abrazo

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