“La única prueba a favor o en contra de una persona consiste en ver si, hallandonos a su lado, nos elevamos o descendemos”
en Los alucinados de Robert Musil
YO NO TENGO NI SIQUIERA CELULAR!!!!
¿Por qué se llama BlackBerry?
Marguerite Yurcenar, en su magnífico libro “Memorias de Adriano”, escribió:
“Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud, a lo sumo le cambiarán el nombre”.
Cero
Mientras Europa permanecía sumida en la noche medieval, los árabes, herederos del genio mercantil de los fenicios, desarrollaban el comercio en el Mediterráneo y ponían sus plantas en Europa mediante la conquista de la Península Ibérica.
Más avanzados en matemáticas que los europeos, los árabes contaban con un sistema de numeración que incluía un número hasta entonces desconocido, el cero, que llamaban sifr, la misma palabra usada en árabe para ‘vacío’.
Quinina
Corría el año 1633 y la esposa del virrey del Perú, Ana de Osorio, condesa de Chinchón, padecía una fiebre tropical contra la cual los médicos españoles del virreinato confesaban que no podían hacer nada. El virrey, muy enamorado de su esposa y desesperado ante la amenaza de perderla, llamó a un curandero indígena que le aplicó quinina. Aunque el virrey no esperaba ningún milagro, la mujer mejoró de inmediato, la fiebre cedió en pocas horas, y Ana ya estaba curada al día siguiente. El portento había sido obra de esta medicina que los europeos desconocían debido a su desprecio por lo que juzgaban supersticiones de los indios.
Fanático
La serie de atentados, con frecuencia suicidas, que marcaron la segunda mitad del siglo XX y que vienen caracterizando el comienzo del actual, ocasionaron un apogeo inusitado de esta palabra, que antes era empleada para designar, fundamentalmente, a los religiosos muy devotos, a los hinchas de fútbol o a las personas obsesionadas por personajes del cine y la televisión.
Fanático procede del francés fanatique, usado en esa lengua en 1532 por Rabelais con el sentido de ‘de inspiración divina’. La voz francesa se derivó del latín fanaticus, formada, a su vez, a partir de fanum ‘templo’, presente también en la etimología de profano, y que se usó al comienzo en latín para designar a las personas que frecuentaban el templo –generalmente, los de Belona, Cibeles y Diana– y, más tarde, a los exaltados por el fervor religioso.
En nuestra lengua, en el diccionario de 1705, aparece como: ‘Nombre latino, Fanaticus, y quiere decir hombre que se crée llevado de un furor divino’.
En nuestros días, fanático presenta como notas esenciales la irracionalidad y la intolerancia con relación a los miembros de otras religiones o de otros partidos políticos, o a los hinchas de otros clubes.
gimnasia
En la antigua lengua griega, gymnós significaba ‘desnudo’. Los atletas competían sin ropas, como podemos apreciar en las esculturas de Praxíteles. La indumentaria era la misma de los alumnos y docentes de algunas escuelas de filosofía, como la de losgimnosofistas, así llamados porque acudían a clase sin ropa.
Por esa razón, la palabra gymnasion se aplicó tanto al sitio usado para la práctica de ejercicios físicos como a algunos lugares de enseñanza.
“Lo que alguien es, comienza a delatarse cuando su talento declina, cuando deja de mostrar lo que él es capaz de hacer. El talento es también un adorno; y un adorno es también un escondite”
De “Más allá del bien y el mal”, Sección cuarta: Sentencias e interludios, 130 (1886) de Friedrich Nietzsche (1954-1900)
brindis
Este vocablo se formó a partir de la frase alemana Ich bring dir’s ‘te lo traigo’ (con el sentido de ‘te lo ofrezco’), que se pronunciaba en cierta época para brindar.
En el diccionario de Covarrubias (1611), se define así el acto de brindar:
Brindez es solicitar y convidar al compañero y con la taza en la mano, bebiendo él, y luego el otro: y este modo de beber se llama brindez. Es palabra tedesca, pero que ha sido introducida en Francia, en Italia, y en España [...]. Cornelio Tácito hace mención de esta manera de brindarse, cerca de los alemanes, en sus convites, bodas y juntas, lo cual vemos durar hasta ahora. El francés, en lugar de brindez dice: Ye biuo a vous: yo os beuo.
entrevero
Cruentas batallas entre varios hombres armados con lanzas, espadas y cuchillos eran comunes en el Río de la Plata hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Argentina, el Uruguay y el sur de Brasil se modernizaron para abrir sus puertas al comercio internacional. Esas luchas sangrientas se llamaban entreveros, una palabra de creación culta formada por los vocablos latinos inter y varios, que denota una mezcla confusa y desordenada.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no se atreve a cambiar el color de su vestimenta o bien no conversa con quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente estas que regresan el brillo a los ojos y restauran los corazones destrozados.
Muere lentamente quien no gira el volante cuando esta infeliz con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida, huir de los consejos sensatos…
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!
Texto de Pablo Neruda.
llave
Las primeras cerraduras que se usaron en Roma eran extremadamente simples: consistían en dos argollas, una en cada hoja de la puerta, en medio de las cuales se pasaba un clavo (clavus, clavi). Este sistema facilitaba en tal grado el trabajo de los ladrones que, para evitarlo, los artesanos fueron ideando sistemas cada vez más complejos en los cuales se confería al clavo una forma específica para cada puerta, de forma que sólo el dueño de casa o quien tuviera aquel clavo podía abrir y cerrar. Con esta novedad, el nombre del clavo cambió ligeramente para llamarse clavis ‘llave’, ‘clave’.
cónyuge
Hasta mediados del siglo pasado, cuando la ceremonia católica del matrimonio era celebrada en latín, el sacerdote, después de oír el sí de los novios, pronunciaba las palabras rituales: «Ego conjungo vos in matrimonium» (Yo os uno en matrimonio), con las cuales la boda quedaba consagrada.
Conjungo era, pues, una voz del verbo conjungere ‘unir en matrimonio’, formada a partir de jungere ‘juntar’, ‘unir’ y el prefijo con- ‘conjuntamente’, ‘en común’. De ese verbo se derivó cónyuges (conjugem) ‘los que llevan juntos el mismo yugo’.
Ketchup
En el siglo XVII en Inglaterra se hizo muy popular el consumo de anchoas en salazón machacadas y elaboradas en una especie de salsa empleada como condimento. El uso de anchoas en salazón era muy popular ya anteriormente en el continente europeo. Esta salsa fue conocida posteriormente como kétchup, katchup, o catchup.
El ketchup deriva su nombre de las salsas de pescado y soja denominadas kecap ikan. El nombre de otras salsas indonesias posee la palabra kecap (pronunciado en indonesio como ketchup). Esta salsa fue empleada por la culinaria inglesa del siglo XVII y posterior del mismo modo que se usaba en el Mediterráneo el ya extinto garo. El kétchup inglés se convirtió en ketchup de tomate en Estados Unidos, cuando le añadieron salsa de tomate (tomato ketchup), y poco a poco dejó de ser un producto de sabor salado hasta convertirse hoy en día en todo lo contrario: una salsa casi-dulce.
Favela
Voz nacida en el portugués del Brasil, ha sido incorporada a nuestra lengua.
Los barrios pobres, que constituyen cada vez más una nota típica de las ciudades latinoamericanas, han tenido varios nombres a lo largo del siglo XX, desde las callampas de Quito y Santiago, las villas miseria de Buenos Aires y los cantegriles de Montevideo hasta los tugurios de Bogotá, los barrios de Caracas y las favelas de Río de Janeiro. Curiosamente, este último término ha recibido el espaldarazo del Diccionario de la Lengua Española, que lo registra con marca de voz americana, a pesar de que la palabra se usa con mucha frecuencia en los periódicos peninsulares en los que, aunque de manera lenta, va sustituyendo al tradicional barrio de chabolas.
Bariátrico
Pocas personas saben qué es exactamente la presión atmosférica. Pues no es otra cosa que el peso que la atmósfera ejerce por unidad de superficie a nivel del mar. Un intento de “pesar” la atmósfera puede parecer empresa difícil, pero ya en el siglo XVII el físico y matemático italiano Evangelista Torricelli descubrió que la presión atmosférica equivale a la altura de una columna de agua de aproximadamente diez metros de altura. Más adelante se inventaron los barómetros de mercurio, un metal cuya densidad es 13,6 veces mayor que la del agua, de modo que la altura de una columna de mercurio en un día normal es de unos 760 mm. Para dar nombre al aparato, se tomaron las palabras griegas baros (pesadez) y metron (medida).
escapar
Una capa puede ser un magnífico abrigo en el invierno, pero, ciertamente, debe constituir una embarazosa molestia para quien intenta huir. Es lo que nos dice la etimología de escapar, una palabra formada por el prefijo latino ex- ‘fuera’ y el sustantivo cappa. Esto significa que escapar alude, en su origen, al acto de librarse de la capa para estar en mejores condiciones de huir de algún enemigo.